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jueves, 14 de enero de 2010

Personajes míticos

O como hacer algo memorable y no encasillarse.

El otro día encontré, gracias a La pequeña comadreja, una sesión de fotos para la revista Empire más que curiosa. En ella retratan a actores y actrices de Hollywood en la pose de los que se suponen que fueron los personajes más míticos que han interpretado. Y con algo de atrezo que la imaginación escasea en estos tiempos.

Con muchos no puedo estar más de acuerdo. Respecto a otros… pues ya lo detallo para cada caso.

Ay del que no sepa de qué personajes se trata… bueeeeeeno se admitirán dudas razonables en los comentarios.

Para el señor Nicholson yo hubiera elegido a Jack Torrance de El Resplandor. Pero este tampoco está mal.

Con el señor Cruise me ocurre lo mismo. Le habría puesto con un traje blanco al lado de Dustin Hoffman. Dónde va a parar!

Y el mejor para el final. Me habría costado mucho decidirme entre éste y el Kaiser Soze de Sospechosos Habituales, pero creo que también me habría quedado con John Doe. Siempre me pareció un detallazo que no incluyeran su nombre en los créditos iniciales de Seven para que ningún avispado echara cuentas y le pusiera su cara al asesino.


Por otro lado, sufro en silencio porque creo que al director de casting de la peli sobre Sherlock Holmes, se le traspapelaran los informes. Esa es la única explicación que encuentro al hecho de que Holmes sea Watson y Watson sea Holmes. Amos digo yo.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Tom y Jerry

Cuando era pequeña e iba a Murcia a casa de mis tíos, siempre estaba deseando que los mayores se pusieran a hacer cosas de mayores para zamparme por enésima vez un vídeo de Tom y Jerry que me encantaba.

No es que mi familia sea precisamente numerosa. Por esta parte, la de mi madre, fui nieta y sobrina única durante bastantes años. Así que había que buscarse la vida para pasar el rato. El consumo de tele en casa estaba estrictamente racionado y controlado pero con esto hacían una excepción porque siempre se apuntaba algún mayor al visionado y se tronchaba de risa.

Ese fue mi primer contacto con la tiranía tecnológica de la incompatibilidad de formatos. Siempre intentaba que me dejaran llevarme la cinta a casa y siempre encontraba la misma respuesta.

- No es que no te la quiera dar pero es que no te va a servir de nada. Nuestro vídeo es Beta y el vuestro VHS. No la vas a poder ver en casa.

A mí eso me sonaba menos creíble que la historia aquella del perro que se llevó mi chupete. Pero me aguantaba.

En esa cinta estaban mis tres cortos favoritos:

El del concierto de piano (The Cat Concerto, 1946).




El del huérfano y la cena de Acción de Gracias (The Little Orphan, 1948).



Y el del patinaje sobre hielo (Mice Follies, 1954).



Hay que reconocer que son violentos y que el rencor, la venganza y el odio eterno y a muerte son los mejores valores que enseñan. Pero digo yo que todos los que los vimos de pequeños no hemos salido tan mal.

Yo nunca me he puesto tan violenta con nadie (menos aquella vez en la que…) pero tengo que reconocer que lo de la pista de hielo en la cocina sí que lo intenté. Menos mal que, antes de inundarla, busqué los tubos esos de la nevera que producían el milagro y, al no encontrarlos, desistí.

lunes, 10 de agosto de 2009

Inspiración

En la primera parada y fonda entre escapadas veraniegas me veo obligada a registrar un documento de sobra conocido pero relacionado con un post antiguo.

No es mi intención quitarle mérito al señor Cleese, pero sin duda creo que el numerito de los soldados griegos delante del Parlamento sirvió de inspiración para los andares de Mr. Teabag.

Desde luego las criaturas tienen mucho mérito. Con el sol de justicia que pega toda la tarde no entiendo como no se caen redondos en el sitio. Eso y que no se líen a tiros con toda la turistada que se despiporra en su cara sin ningún pudor.


jueves, 4 de junio de 2009

John Cleese, el Grande

Adoro a los Monty Python. A todos. Me costaría mucho tener que elegir sólo a uno pero es posible que tenga cierta debilidad por John Cleese. Un inglés tan inglés que se ríe de todo lo que avergüenza a los ingleses porque, no nos engañemos, no tienen sentido del humor.

También sería muy difícil quedarse sólo con uno de sus papeles pero creo que mi preferido es el del señor Teabag (no confundir con el pederasta de Prison Break) del Ministerio de Andares Estúpidos. Vista la utilidad de algunos de los ministerios que tenemos en la actualidad, éste resultaría infinitamente más barato y divertido.

¿Cómo es posible que no se rompa los tobillos?

lunes, 18 de mayo de 2009

Don Mario

Un buen día, al llegar Mi Santo a su casa, vio que tenía un mensaje en el contestador. Pasmao se quedó después de escucharlo. (Léase con acento uruguayo):

- ¡Hola (Nombre de Mi Santo)! Soy Mario Benedetti. Ya estoy en Madrid. Llámame por favor al (un número de teléfono).

Unas diez reproducciones después se armó de valor y decidió a llamar al número del mensaje.

- Diga

- Hola! ¿Es Mario... Mario Benedetti?

- Sí, soy yo.

- Pero Mario Benedetti... el escritor?

- Sí, el mismo. ¿Qué desea?

- Verá, soy (Nombre de MS). Tenía un mensaje suyo en mi contestador.

- Ah sí! Tendrá que disculparme. Ha sido una confusión.

- No pasa nada. De hecho es un honor hablar con usted. Admiro mucho su obra.

- Pues muchas gracias. Bueno, hasta luego.

- Hasta luego! Aupa Uruguay!

Lo último, desde luego, debió ser fruto de los nervios. Y estas son las cosas que le pasan a Mi Santo. Algún día contaré como nos encontramos por Madrid en dos ocasiones con Natalie Portman.